El principio de la criminología

“El criminal es un ser atávico que reproduce en su persona los instintos feroces de la humanidad primitiva y de los animales inferiores”. Con esta frase, Cesare Lombroso, considerado el padre de la criminología, describió por primera vez la figura del criminal. Sus estudios se basaban en la doctrina positivista del evolucionismo, conocida como el darwinismo social; según esta doctrina la conducta del hombre está predeterminada desde su nacimiento. Para Cesare Lombroso había una clasificación delictiva del hombre, determinada por factores científicamente observables. Lombroso consideraba al hombre delincuente el resultado de un decaimiento de la evolución biológica de determinados grupos humanos, o más bien la falta de desarrollo de las condiciones primitivas y brutales que fueron encontrados aún en las rasgos físicos y mentales de los delincuentes. Lombroso hizo cientos de autopsias a los cadáveres de criminales y observó, sobre todo en la forma del cráneo, la recurrencia de rasgos morfológicos que según él podrían indicar el “criminal nato”.

Centró su atención en un orificio en el occipucio de los criminales diseccionados que en la naturaleza sólo se encuentra en animales inferiores.

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Posteriormente dijo que no se trataba de atavismo y la degeneración moral se debía a otras causas como las enfermedades venéreas, la tuberculosis, el alcoholismo y la desnutrición. También se convenció de que las malformaciones derivaran de las enfermedades físicas y psicológicas del feto en lugar de una “debilidad hereditaria”: al bloquear su desarrollo en el útero, los niños podían nacer con una predisposición a la delincuencia y esta condición les castigaba a ser criminales natos.
A continuación, desarrolló una nueva categoría, los locos morales, personas con inteligencia y un físico aparentemente sano pero incapaces de distinguir la buena de la mala conducta. Lombroso los clasificó como delincuentes idénticos a los criminales atávicos por su impulso de hacer daño a los demás y por la falta total de remordimiento. Tomando nota de que desde su nacimiento, el delincuente y el epiléptico eran similares porque ambos tenían signos fisonómicos similares a estigmas degenerativas y rasgos psicológicos comunes, Lombroso delineó la última categoría: el epiléptico. Compartió teorías populares en su día según las cuales una persona que sufre de crisis epilépticas, durante un ataque, podría cometer cada tipo de crimen y corroboró la teoría de que la epilepsia enmascarada podría conducir a actos desviados aún en ausencia de un trauma físico. Después de muchos años de estudio sobre la delincuencia y al final de su carrera, Lombroso declaró que la epilepsia era la base de la conducta criminal, incluyendo en ella tanto la locura moral como el atavismo.

Alessia Pellegrino

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